Los sustratos en bonsái

Como sabemos, es mucho y variado lo escrito sobre los sustratos que debemos utilizar para el cultivo de nuestros bonsáis, por lo que vamos a hablar llana y claramente sobre los medios de cultivo (sustratos) que se utilizan hoy en día y dan los mejores resultados en el cultivo del bonsái.

Cuando empezamos con esta afición, toda la bibliografía que existía en ese momento (no existía internet) hablaba únicamente de tres materiales, turba, arena de río y mantillo o tierra para plantes de exterior, que utilizados en diferentes proporciones servían para todas las especies de bonsái.

Aquí venía el problema, porque la turba y el mantillo los podíamos adquirir en cualquier vivero o centro de jardinería, pero pocos teníamos un río cerca para conseguir la maldita arena de río.

Esto nos despertaba la imaginación para conseguir materiales alternativos, como la arena de sílice, la gravilla de cantera o cualquier otra arena de granulometría algo gruesa que evitara que el sustrato de nuestro bonsái se apelmazara.

Afortunadamente, pocos años después se empezaron a importar los famosos sustratos japoneses, pero el precio era inalcanzable para la mayoría, por lo que seguimos “ideando” nuestras mezclas milagrosas.

Poco a poco el mercado de sustratos japoneses se fue estabilizando, incrementándose las importaciones, aumentando la oferta y como consecuencia bajando los precios. Hoy en día tenemos todo tipo de sustratos japoneses a un precio competitivo, pero los más utilizados son la Akadama, la Kanuma y el Kiryuzuna, aunque existen otros como la piedra pómez (pomice) y la puzolana volcánica, pero estos los podemos reemplazar con materiales similares del mercado nacional o europeo, bastante más económicos, todos sabemos que los productos importados aumentan su precio por los gastos de transporte e impuestos.

Por qué utilizar sustratos japoneses

A diferencia de los árboles que crecen en el campo en el que sus raíces pueden crecer libremente y buscar la humedad y nutrientes que necesitan suministrar a la parte aérea, nuestros bonsáis los cultivamos en macetas de reducidas dimensiones, limitando la capacidad a las raíces para buscar agua y alimento, elementos que deberemos proporcionar nosotros para que nuestro árbol puede vivir y evolucionar.

Además debemos procurar que la granulometría del sustrato sea lo más porosa posible para que aporte la oxigenación necesaria a las raíces para que puedan cumplir su cometido y lo más importante evitar el encharcamiento, lo que produciría asfixia radicular, muerte de las raíces y por consiguiente muerte del árbol.

Cuando utilizábamos los sustratos mencionados al principio, todo funcionaba correctamente hasta las épocas de lluvias o de calor sofocante. La turba y el mantillo retenían demasiada agua, cosa que nos venía de perlas para regar menos, pero cuando no podíamos controlar el riego durante varios días (lluvia) la cosa se complicaba, pues el sustrato permanecía totalmente empapado provocando la temida asfixia radicular o en el menor de los casos enfermedades fúngicas en las raíces. Por otro lado, si hacía mucho calor y se nos secaba el sustrato era imposible hidratarlo por los métodos tradicionales, teniendo que sumergir la maceta en agua para que se fuera hidratando poco a poco (la turba mantiene mucho la humedad, pero cuando se seca por completo es muy difícil hidratarla).

Por otro lado está el abonado, no todos los bonsáis se deben de abonar igual, ni al mismo tiempo, el abonado es una herramienta que debemos controlar para conseguir los resultados que nos hemos propuesto en cada caso concreto.

La turba y el mantillo están formados de materia orgánica en descomposición, por lo que aportan nitrógeno, fósforo y potasio en cantidades incontroladas, que no nos interesan en los diferentes estadios de la formación de nuestro bonsái.

En resumen, lo que queremos conseguir para nuestro sustrato de cultivo, es que sea poroso, facilite la aireación de las raíces, mantenga una humedad relativa y sea inerte, o sea, que no nos aporte ningún elemento fertilizante ya que el abonado lo controlaremos nosotros dependiendo de la formación de nuestro bonsái.

Akadama

La Akadama es el sustrato japonés más utilizado en el cultivo de bonsái tanto por aficionados como profesionales.

En japonés, Akadama significa, literalmente, “bola roja”, en referencia al aspecto rojizo y granular de esta tierra.

Akadama
Akadama

Se trata de una arcilla volcánica que se extrae en explotaciones a cielo abierto en zonas boscosas, encontrándose bajo una primera capa de mantillo de entre 50 cm y 1 metro de profundidad.

Inerte, libre de materia orgánica y organismos patógenos gracias al proceso térmico a la que es sometida y que al mismo tiempo endurece los granos.

Ventajas en el cultivo de bonsái

Facilidad de uso.

Gran capacidad de retención de agua y nutrientes.

Perfecta aireación del suelo que impide que éste se encharque produciendo asfixia radicular.

El color cambia dependiendo si está seca (marrón claro) o húmeda (marrón oscuro), por lo que es muy fácil prever el momento óptimo para el riego.

A diferencia de otros suelos granulosos, la Akadama no varía su tamaño por la humedad.

La Akadama, como todas las arcillas, posee una muy buena capacidad de intercambio catiónico. Esto significa que tiene la capacidad de retener cualquier catión para devolverlo posteriormente al medio líquido cuando en éste se produzca una carencia. Esta capacidad de cambio provoca también un intercambio constante de iones de sodio, magnesio y calcio por iones de hidrógeno. Esto nos proporciona un efecto tampón, estabilizando el ph.

Es conveniente tamizarla antes de su uso para eliminar el polvo que se produce dentro del saco por el roce entre los granos durante el transporte y manipulación. Este polvo se puede depositar en el fondo de las macetas y puede obstruir los agujeros de drenaje.

Desventajas en el cultivo de bonsái

Al ser una arcilla no cristalizada ni endurecida, se degrada por la acción de los riegos y los cambios de temperatura, especialmente las heladas por el aumento de volumen del agua absorbida que hace que “exploten” los granos, sobre todo en las capas superficiales del sustrato. Esto nos obliga a trasplantar cada dos o tres años, dependiendo de las condiciones climáticas en las que cultivemos.

Características físicas

PH 6.4 – 6.9
Capilaridad 23 cm (grano shohin)
Humedad 15 %
Sales solubles 0.05 %
Aire 70 – 80 %
Capacidad de absorción de agua 90 %
Peso específico 400 – 600 g/l

Kiryuzuna

Es otro de los sustratos japoneses de mayor uso en bonsái.

Procede de la descomposición de rocas volcánicas y es bastante más duro que la Akadama, por lo que se degrada menos y mantiene su estructura durante más tiempo.

Kiryuzuna
Kiryuzuna

Su PH es similar o algo más ácido que la akadama, oscilando entre el 6,3 y 6,8, pero en su composición contiene más hierro por lo que la hace ideal para el cultivo de pinos y coníferas en general.

También se puede utilizar en árboles caducos o perennes de hoja ancha, mezclada con Akadama en diferentes proporciones, ya que debido a su dureza no se degrada y evita encharcamientos, también nos aporta algo de hierro que evita la “clorosis férrica”. Una mezcla estándar para cultivo en general sería 70% de Akadama y un 30% de Kiryu, aumentando el porcentaje de este en pinos y coníferas.

Pomice

La pomice es el nombre de la piedra pómez en italiano.

Se trata de un mineral de origen volcánico de estructura alveolar expandida naturalmente. Es la expansión de mineral magmático efusivo, que genera un producto alveolar de una ligereza considerable, con alta porosidad y gran retención de líquidos, que libera lentamente.

Como se trata de un producto natural, es completamente compatible con el medio ambiente y por sus características, ampliamente utilizado por viveristas.

Es un material que se puede encontrar fácilmente en nuestro país y que podemos utilizar sin problemas, pero el más idóneo para el cultivo del bonsái es el pomice italiano por sus características, un color pardo/marrón cuando está hidratada y sobre todo las diferentes granulometrías que podemos encontrar en el mercado.

Tiene una gran capacidad de absorción de agua, 100 g de agua / 100 g de pomice. Pero tenemos que tener en cuenta que la absorbe más lentamente que la Akadama y al mismo tiempo la cede más lentamente a las raíces, por lo que deberemos cambiar las costumbres de riego en sustratos que contengan pomice o en cultivos solo con pomice. Deberemos hidratar más tiempo aunque por el contrario deberemos espaciar más los riegos por su característica de ceder el agua más lentamente.

Puede sustituir perfectamente al Kiryu en cultivos de pinos, coníferas y caducifolios, siempre teniendo en cuenta sus características hídricas.

Tiene un PH más alto que la Akadama y el Kiryuzuna (7-8), pero está exenta de sales de calcio activas, por lo que no nos aumentará el PH del sustrato.

Análisis químico medio:

SiO2 62,5 %
Al2O3 17,5 %
K2O 9,5 %
Fe2O3 2,6 %
CaO 2,5 %
Na2O 2,2 %
TiO2 0,5 %
MgO 0,4 %
P.F. 2,3 %
pH 7 – 8

En resumen, un sustrato idóneo para el cultivo de bonsái, sobre todo en formación, que por sus características favorece la aireación de las raíces, provocando su división y multiplicación y que por su baja densidad aligera el peso de las macetas.

Otro factor positivo: Su bajo precio.

Puzolana volcánica

La puzolana volcánica, igual que la pomice, es un producto formado por las erupciones volcánicas, como resultado de una explosión de los gases disueltos en su composición química. El enfriamiento rápido de la materia ha impedido su completa cristalización, favoreciendo la generación de minerales alveolares más o menos distribuidos por su estructura.

Puzolana volcánica
Puzolana volcánica

Los vapores contenidos en el magma, de repente son liberados en su rápida solidificación y es en esta etapa de enfriamiento cuando adquiere ciertas diferencias en su estructura física con los demás elementos volcánicos.

La puzolana volcánica se forma a partir de un magma con un contenido inferior en sílice que la pomice y por su rápido enfriamiento se forman alveolos más grandes que en la pomice, pero en mucho menor número.

Por consiguiente, la capacidad de absorción de agua es mucho menor, aunque se deposita en los alveolos en forma de “lagunas” por lo que el agua está directamente disponible para las raíces.

Por estas características, las necesidades de riego son completamente diferentes a otros sustratos, particularmente a la pomice, ya que no absorbe casi agua sin embargo la mantiene en sus cavidades para aportarla directamente.

Para que se entienda y a modo de ejemplo, en la pomice las raíces solicitan (extraen) por capilaridad osmótica el agua que necesitan, por el contrario la puzolana volcánica aporta agua a las raíces sin que estas lo soliciten.

Análisis químico medio:

SiO2 56 %
Al2O3 16,5 %
K2O 4,9 %
Fe2O3 6,5 %
CaO 8,8 %
Na2O 2,2 %
TiO2 0,8 %
MgO 3,1 %
P.F. 1,2 %
pH 7 – 8

En resumen, con la puzolana volcánica tenemos un sustrato idóneo para mezclar con Akadama, para facilitar el drenaje, aportar aireación y mantener la estructura granular cuando la Akadama se vaya degradando ya que la puzolana mantiene su estructura indefinidamente.

Fibra de coco

Se trata de un sustrato natural extraído de la corteza exterior del coco, lavada y esterilizada.

Su aspecto es ligero, de un color marrón dorado, con estructura similar a la turba rubia de musgo sphagnum. Tiene una alta porosidad que le permite absorber de un 94 a un 98 por cien su peso en agua.

Su estructura esponjosa le permite aumentar un 30% la capacidad de retención de humedad sin presentar encharcamiento, lo que le permite a las raíces un desarrollo mayor.

Tiene un PH entre un 5,7 y 6,4 y un intercambio catiónico excelente.

Evita compactaciones en el sustrato ya que se descompone mucho más lentamente que la turba.

Se puede presentar prensada en diferentes formatos para reducir su volumen y facilitar el transporte, en este caso la deberemos hidratar antes de su uso poniéndola en un cubo con agua durante unas horas hasta que se deshaga totalmente. Con un “ladrillo” de unos 600 gramos podemos obtener unos 9-10 litros de sustrato. También la podemos encontrar hidratada, envasada en sacos de diferentes capacidades, pero es algo más cara.

Es el sustrato ideal para estaquillado de esquejes, acodos aéreos y mezcla en cultivos de larga duración.

En contra: Su elevada conductividad, pero desaparece en varios días por el riego.

Conclusiones finales

Estos son los sustratos más utilizados hoy en día para el cultivo del bonsái por aficionados y profesionales, tanto para el bonsái en formación como para mantenimiento.

Podemos encontrar en el mercado otros tipos de sustratos como los mencionados al principio de este artículo, turba, mantillo, arenas de todo tipo, etc. Pero los descritos son los que nos van a dar los mejores resultados y satisfacciones.

La decisión de cultivar en un sustrato o en otro, así como las diferentes mezclas que podamos realizar con ellos, dependerá de la experiencia, las condiciones climatológicas en las que cultivemos y sobre todo, la disponibilidad de riego que tengamos. No va a ser lo mismo si vivimos en el mismo lugar en el que cultivamos, en el que podemos regar todos los días o varias veces al día, que si cultivamos en un lugar más o menos apartado al que debamos acudir regularmente.

Tampoco será lo mismo si cultivamos en un clima continental y con lluvias frecuentes, que en un clima mediterráneo en el que la media de precipitación sea escasa y la insolación alta. En el primer caso el sustrato deberá de ser lo más drenante posible, mientras que en el segundo caso el sustrato deberá de mantener una mayor humedad.

En algún caso, como para el cultivo de algunas especies de climas tropicales que necesitan mantener una humedad mayor en las raíces como Ficus, Serissa, Carmona, etc, podemos aportar un poco de materia orgánica, como turba o mantillo, pero en este caso recomendamos la “fibra de coco” que tarda más en degradarse y se hidrata más rápidamente que la turba. En cualquier caso esta aportación de materia orgánica no debe superar el 20%.

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