El riego del bonsái

Como regar un bonsái

Cuando adquirimos o nos regalan nuestro primer bonsái, lo primero que nos debemos plantear es si queremos afrontar el reto de mantenerlo y que prospere sin que nos suponga un problema añadido a los ya cotidianos de la vida diaria.

Para ello debemos pensar que tenemos en nuestro poder un ser vivo, que necesita unos cuidados mínimos igual que cualquier mascota y que depende de nosotros para que viva feliz y nos ofrezca todo su esplendor, flores, frutos y nos relaje al llegar a casa después de un duro día de trabajo.

Si estamos decididos a implicarnos en su cultivo, lo que debemos hacer es informarnos y leer todo lo que está publicado sobre su mantenimiento y cultivo. Es entonces cuando nos vamos a enterar de que para mantener nuestro bonsái vamos a necesitar una serie de herramientas y complementos que no nos había dicho la persona que nos lo regaló o el empleado de la tienda donde lo compramos.

La primera herramienta que vamos a necesitar y que está a nuestro alcance es el agua, si, el agua que necesita nuestro arbolito para sobrevivir.

Como ya dijimos anteriormente, los árboles en la naturaleza son capaces de obtener por si solos el agua y los nutrientes que necesitan para su supervivencia.

Esto no ocurre con nuestro bonsái ya que está creciendo en un sustrato muy limitado que se seca más o menos rápido, por eso somos nosotros los que debemos aportar el agua suficiente para que las raíces se mantengan siempre con un determinado grado de humedad y sus raíces puedan absorber los elementos químicos disueltos.

En el campo los árboles obtienen el agua necesaria por medio de la lluvia, pero en nuestro caso no podemos confiar en este método ya que el sustrato de un bonsái puede secarse en cuestión de horas, sobre todo en verano. Aunque vivamos en un clima con una pluviometría alta, siempre será necesario el riego manual los días en que no llueva o haga mucho calor.

La forma habitual de regar un bonsái es imitando a la naturaleza, en forma de lluvia, para que el agua penetre en el sustrato con cierta “violencia”, esto favorece la entrada de oxígeno, necesario para la supervivencia de las raíces y al mismo tiempo empuja los gases nocivos que producen los desechos orgánicos en descomposición, que son expulsados por los agujeros de drenaje.

Esta regeneración del oxígeno solo se puede conseguir cultivando con suelos sueltos, de cierta granulometría, como ya comentamos en el artículo de los sustratos, como Akadama, Kiryu, puzolana, etc. Si el sustrato de nuestro bonsái está muy compactado como en el caso de las turbas o la mayoría de sustratos de los bonsáis comerciales, el agua resbalará por la superficie, no penetrando hacia el interior del cepellón, por lo que no cumplirá con su cometido.

En este caso, cuando el sustrato se haya secado demasiado y no podamos hidratarlo con el riego normal, es cuando recomendamos el riego por inmersión.

El riego por inmersión, es el procedimiento inverso al de lluvia, es decir forzando a que el agua penetre poco a poco por los agujeros de drenaje y expulse los gases nocivos hacia arriba, conforme vaya hidratándose todo el sustrato.

La forma de hacerlo, es sumergiendo la maceta en un recipiente con agua sin que esta rebase el borde de la misma. Si el agua rebasa el borde, se humedecerá rápidamente la parte superior del sustrato y no sabremos cuando el interior esté todo hidratado. Lo correcto es que el agua se absorba poco a poco por los agujeros de drenaje y cuando veamos que la humedad aparece por la parte superior tendremos la seguridad de que todo el contenido de la maceta está hidratado.


Como ya hemos dicho, la forma más efectiva para regar nuestro bonsái es imitando a la naturaleza. Para ello deberemos procurar que el agua caiga en el sustrato en forma de lluvia fina para que no arrastre los granos fuera de la maceta, pero con la suficiente presión para que cumpla el cometido del intercambio de oxígeno.

En el mercado existen multitud de regaderas y lanzas de riego de diferentes modelos y precios. Aquí pasa como con todo en esta vida, los modelos más económicos limitan su efectividad, aumentando esta conforme aumenta su precio.

Deberemos valorar el desembolso que queremos hacer en función de la cantidad de árboles que tengamos y las necesidades de riego.

En cualquier caso, antes de decidirnos por un producto o por otro, debemos conocer cómo funcionan y el porqué del diseño de las regaderas japonesas.

Como hemos mencionado, el agua debe caer en el sustrato lo más fina y dispersa posible para no arrastrarlo y procure la máxima oxigenación a las raíces. En las regaderas japonesas el caño largo y cónico facilita que el agua coja la máxima presión posible para que salga por los finos agujeros de la roseta, casi en forma de “neblina”. Esto no se consigue con las regaderas tradicionales de jardinería.

La posición correcta de la roseta es con los agujeros mirando hacia arriba, de este modo el agua toma una dirección ascendente cayendo en forma de lluvia sobre el sustrato.

Debemos asegurarnos de que se humedezca todo el cepellón, con los sustratos granulados como la Akadama o el Kiryu, es muy posible que si regamos ligeramente puede que quede alguna zona del sustrato sin humedecer, aunque estos sustratos se humedecen por capilaridad (por contacto de los granos), es mejor asegurarnos y regar hasta que salga el agua por los agujeros de drenaje.

Es conveniente de vez en cuando, sobre todo cuando hace mucho calor, regar también la copa del árbol, esto lo refresca y sobre todo limpia las hojas de polvo y elimina algunos parásitos.

El momento idóneo para regar es a primera hora de la mañana, así el árbol tiene todo el día para absorber la humedad y los nutrientes. En caso de que no podamos regar por la mañana, también podemos regar a última hora de la tarde, pero cuando todavía haya luz y tenga tiempo el sustrato de drenar un poco. Si regamos por la noche, la humedad ambiental junto con el sustrato empapado puede favorecer la aparición de enfermedades fúngicas.

En épocas de mayor actividad como la primavera o en días de mucho calor, deberemos vigilar si algún bonsái necesita un riego adicional, sobre todo en “mames” y Shohines” en los que la capacidad de sustrato de la maceta es menor, en estos casos deberemos regar dos o tres veces al día. También podemos colocar en estos períodos los árboles que se secan antes en zonas más sombreadas.

¿Como se cuando tengo que regar mi bonsái?

No existe una regla general para esto, todo dependerá del tipo de árbol, de la capacidad de la maceta, del clima donde lo cultivemos, las horas de sol que reciba, etc.

La técnica del riego es la más difícil de aprender cuando estamos empezando a cultivar bonsái. Debemos familiarizarnos con las necesidades de nuestro árbol para saber cuándo lo necesita.

Un indicativo infalible, si cultivamos con Akadama como sustrato principal, es el cambio de color de esta, la Akadama cuando está húmeda es de color marrón oscuro y cuando se seca se vuelve de color marrón claro. Por esto, cuando veamos que la capa superficial del sustrato está de color marrón claro, debemos regar. De todas maneras podemos asegurarnos escarbando con el dedo unos dos o tres centímetros para comprobar el estado del sustrato.

Si acabamos de adquirir un bonsái procedente de un centro comercial, que normalmente vienen con sustratos inadecuados y no es época de trasplantarlo, la cosa se complica un poco. En estos casos deberemos tocar con los dedos el sustrato para comprobar el grado de humedad y en todo caso, escarbar un poco para ver la humedad de las capas inferiores.

Si vemos que el sustrato está completamente seco y apelmazado, es este caso es cuando debemos poner en práctica el riego por inmersión.

La norma general, es que se debe regar un bonsái cuando la capa superficial del sustrato está seca.

No debemos mantener nuestro bonsái permanentemente “empapado” y menos cultivarlo con una bandeja debajo para que recoja el agua de drenaje.

Si las raíces están siempre empapadas de agua, no funcionará el intercambio gaseoso y se producirá asfixia y pudrición radicular, lo que provocará la muerte del árbol.

Calidad del agua de riego

Para poder entender el porqué es importante la calidad del agua en el riego de nuestro bonsái, es indispensable que sepamos el funcionamiento de la hidratación del árbol por las raíces.

Las raíces solo tienen la capacidad de extraer el agua del sustrato por los “pelos radicales” y estos se encuentran en las zonas apicales de las raíces (en las puntas), las raíces maduras no tienen capacidad alguna de abastecer de agua a nuestro árbol.

Por eso la necesidad de proporcionar humedad en la copa durante 15-20 días después de un recorte de raíces (trasplante), pero este es otro tema.

Los pelos radicales no son capaces por si mismos de absorber el agua del sustrato, sino que el agua pasa a través de ellos por medio de una membrana por el principio osmótico, es decir de un medio menos concentrado (agua) a un medio más concentrado (raíz).

Por este motivo, si regamos con agua dura o con mucha concentración de sales, no se producirá ese principio osmótico, el bonsái se irá deshidratando poco a poco y morirá.

Otro dato importante que debemos conocer si regamos con agua dura, es la incrustación de sales en el sustrato, en las hojas y en las macetas. En el sustrato se formará una costra calcárea que impedirá la penetración del agua y oxígeno, impidiendo el intercambio gaseoso. En las hojas pasará lo mismo, se formarán costras sobre la superficie foliar que obstruirán los estomas e impedirá el intercambio de Oxígeno/CO2 necesario para realizar la fotosíntesis. Las incrustaciones de sales en las macetas producen más perjuicio estético que fisiológico, pero son difíciles de eliminar.

Los abonos también cargan de sales los sustratos y por consiguiente, el agua disponible que contienen.

Por todo esto se deduce que debemos regar nuestro bonsái con el agua más blanda posible.

¿Que es la dureza del agua y como se mide?

El agua se denomina blanda o dura según la cantidad de sales de calcio y magnesio que contiene y esta cantidad se mide principalmente en ppm (cantidad de miligramos de carbonato cálcico en un litro de agua), en grados alemanes (ºdH) o en grados franceses (ºF).

Otra forma de medir la dureza del agua es medir su conductividad.

La conductividad es la capacidad que tiene el agua para conducir la electricidad y se mide por micro siemens por cm (µS/cm), si utilizamos esta escala de medida tenemos que tener en cuenta medir el agua siempre a la misma temperatura.

En este cuadro podemos ver aproximadamente la calidad del agua a una temperatura de 20º:

Agua muy blanda 1 a 5 (µS/cm)
Agua blanda 5 a 50 (µS/cm)
Agua moderadamente dura 50 a 100 (µS/cm)
Agua dura 100 a 150 (µS/cm)
Agua muy dura < 150 (µS/cm)

La dureza de las aguas de suministro doméstico depende principalmente de su procedencia, que normalmente es de origen natural (manantiales, ríos, pantanos, pozos, etc.) y adquiere más o menos dureza dependiendo de la composición del terreno por donde pasa.

A continuación mostramos un plano indicativo de la dureza del agua en las diferentes zonas de España.

La tabla de equivalencia entre mg/l (ppm), ºfH y ºdH es la siguiente:

Tipos de agua Ppm/mg/l °fH ºdH
Agua blanda ≤ 17 ≤ 1.7 ≤ 0.95
Agua levemente dura ≤ 60 ≤ 6.0 ≤ 3.35
Agua moderadamente dura ≤ 120 ≤ 12.0 ≤ 6.70
Agua dura ≤ 180 ≤ 18.0 ≤ 10.05
Agua muy dura > 180 > 18.0 > 10.05

Como conseguir agua blanda para el riego de nuestro bonsái.

Si vivimos en una zona donde el agua de suministro doméstico es blanda o media, no debemos preocuparnos ya que podemos regar con el agua del grifo.

Si por el contrario vivimos en una zona donde el agua es dura o muy dura, tenemos varias opciones:

La opción más natural es regar con agua de lluvia, pero es bastante engorroso recogerla y almacenarla para que no se pudra, el agua de lluvia dependiendo de la forma de recogida, suele llevar impurezas y materia orgánica en suspensión.

Si la recogemos de un tejado y no ha llovido en varios días debemos desechar el agua durante la primera media hora.

Si nuestra colección de bonsáis no es muy grande, podemos regar con agua embotellada de mineralización débil. Esta opción es sencilla pero si tenemos varios bonsáis o proyectos, deberemos valorar el coste que supone y compararlo con las otras opciones.

Si nuestra vivienda dispone de descalcificador, podemos regar con esa agua pero siempre vigilando los parámetros de salinidad, ya que este tipo de descalcificadores funcionan con resinas intercambiadoras de iones de calcio y el problema es que estas resinas se agotan y hay que regenerarlas con sal marina, pudiendo quedar restos de sal en el agua de consumo.

La mejor opción y más si tenemos una colección de bonsáis considerable, es regar con agua osmotizada, filtrada a través de un equipo de ósmosis inversa.

Los equipos de ósmosis inversa funcionan forzando el paso del agua a través de una membrana (membrana osmótica) que elimina el 98% de las sales disueltas, dejando un agua prácticamente pura.

Hoy en día podemos encontrar equipos de ósmosis inversa para todas las necesidades a precios económicos, además el agua osmotizada la podemos utilizar para muchas aplicaciones domésticas.

El inconveniente de estos equipos es que desechan 2/3 del agua filtrada.

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