Breve introducción a la historia del bonsái

Aunque en la actualidad suele asociarse con el Japón, hay que recordar que su origen está en China, hará ahora unos 2000 años.

Las referencias sobre bonsáis más antiguas que existen se han hallado en unas pinturas de la dinastía Tang (618- 906). En ellas, se podían contemplar bellas reproducciones de pinos, ciruelos, cañas de bambú y sageretia. En esta época eran conocidos como “Pen- Jin”.

Se supone que fueron los monjes budistas Tch’an, llegados de China, en los siglos X o XI (D.C.), que llevaron el bonsái como expresión religiosa.

Bonsái, viene del vocablo chino “PEN-ZIN”, que literalmente quiere decir “árbol pequeño o enano”
La palabra “BONSÁI”, traducido del japonés, quiere decir “árbol crecido en bandeja”.

Fueron los monjes, que durante sus peregrinaciones encontraban arbolitos creciendo en condiciones precarias al borde de los caminos y que no habían “gozado” de un desarrollo normal, y condenados a una muerte más o menos prematura, pensaron caritativamente, “recuperar” estos árboles y trasplantarlos en un lugar más adecuado para su supervivencia.

En la antigua China existían dos formas de cultivar el bonsái. En el sur del país se intentaba emular a la naturaleza. Por lo tanto, se criaban exclusivamente los ejemplares hallados en el monte que eran conservados con su apariencia natural. No se usaba el alambre para transformarlos, únicamente se recurría a la poda. Sin embargo, en el norte se hacía lo posible por lograr formas armoniosas, aunque distaran de las originarias.

La “planta en maceta” alcanzó su máximo esplendor en el período Sung (X-XIII). Será en este momento cuando una secta Zen los introduzca en Japón y pase a denominarse de forma definitiva como bonsái. Esta planta era concebida como un objeto religioso que permitía un mayor acercamiento a Dios. Ya en Japón, se desarrollan las técnicas más avanzadas para educar las ramas, los troncos y las raíces.

Pero desde el punto de vista más ortodoxo y budista, el bonsái, se obtiene del bosque, escogiendo unos árboles que sea cual fuere la razón, han crecido mal y que ya de entrada, presentan una forma interesante, manteniendo una edad avanzada y características de madurez.

En Japón, la filosofía Zen, considera el bonsái como el “camino espiritual” el “DO”.
Finalmente, la aparición del bonsái en Europa se produce en la Exposición Universal de Londres (1851).

También se aprecia su presencia en la Exposición Universal de París, celebrada en el año 1898. No obstante, la afición por este arte en occidente no se extendería hasta finales de la Segunda Guerra Mundial.

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